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La Coctelera

El regreso de Campanella

Ayer estrenaron El secreto de sus ojos, la nueva película de Juan José Campanella, con Ricardo Darín, Soledad Villamil y Pablo Rago. Este hecho casual convierte esta semana en mi "semana Campanella", superando en prioridades al regreso a las aulas.

Rara vez noto una afinidad tan brutal con los personajes como con sus creaciones. He perdido la cuenta de veces que he visto sus películas, han pasado cinco años desde la última (tres desde Vientos de agua, desahuciada por Telecinco) y ya sé que iré a verla más de una vez.

Lo contaré por aquí. A película por cinco años, no me siento demasiado presionado. :-D

Las cosas bien hechas

He tomado la foto de RTVE, que a su vez la tomó de EFE.

Apuntes "al" natural

No recuerdo el momento crucial en que dejé de pensar que mis padres no se enteraban de nada -allá por el trayecto entre los doce y los dieciséis- y empecé a creer que eran la ostia. A tenor de lo visto, la relación con los padres pasa obligatoriamente por esos trances, salvo que una fuerza mayor se interponga (y no hay fuerza mayor a los quince que la arrogancia propia).

Para esa segunda fase de adolescencia las discusiones políticas habían mermado notablemente; y salvo algún exabrupto en el telediario, rara vez lograba seguir las teorías de mi padre. Fue en alguna de esas ocasiones en las que comentó que "no lo digo yo; lo dice Ortiz, que no sé cómo puede seguir en El Mundo".

Creo que fue ahí que visité su blog; y comencé a leer sus artículos esporádicamente. Con el tiempo, y más allá de la evidente coherencia ideológica que manteníamos, de Ortiz me fascinó una virtud que me parecía inédita: la sensatez. Al menos en su versión, nunca supeditada a las líneas editoriales. Y efectivamente, empecé a entender a mi padre y a preguntarme qué hacía en El Mundo. Haciéndonos caso, en 2000 pidió una excedencia.

Cuando Público salió a la luz anunciando su colaboración, en 2007, fue el motivo para cambiar de prensa diaria; a pesar de que sus artículos, como siempre, se podían seguir leyendo en su web. Y hasta hoy, que me he encontrado su Sueño con Jamaica.

Podría decir más, pero mucho de lo que quería comentar ya lo han hecho José Antonio Pérez (brillante, en Mi mesa cojea) y Pepa Bueno. De ella cito:

Durante años, rastreé los periódicos donde escribió, de la breve experiencia de Liberación a sus años en El Mundo porque no podía empezar el día sin leerlo. Yo solía decir entonces que leer a Javier Ortiz era como tomarse un café negro y sin azúcar. Si eso no te espabila, ya no hay nada que te espabile.

No sé cuánto tiempo se mantendrán sus Apuntes del natural en la web, pero se deberían editar como asignatura para la Secundaria. Ayudaría a entender muchas cosas.

Yo le seguiré leyendo.

De vuelta

Ya he visto a Oasis en concierto. Lo disfruté mucho estando allí pero no sé si repetiría: por los próximos 35 euros, o me compro dos DVDs -donde se ven ciertamente mejor-; o me voy a hacer cola a las tres de la tarde en la puerta del pabellón. Pero no volveré a verlo desde un lateral.

Liam es un rancio. Tiene la actitud de un terrateniente con resaca continua. Noel es más majete, pero no es tampoco un manual de protocolo. Y el nuevo batera, del que no sé el nombre, impresiona. Ya se han dejado atrás a los colegas de futbolín y tienen tres musicazos.

En otro orden de cosas, he leído un par de libros estando en Madriz. Un diario de Roger Gual y otro de Oficios de cine, ambos de Ocho y medio. Cuando entro en esa librería me ocurre como cuando busco "tintin" en Ebay: no tengo tiempo, dinero ni la falta de ética suficiente para comprarme todo lo que encuentro.

Por primera vez en muchos viajes, no he ido al cine ni una sola vez.

Ya de vuelta, esta mañana he vuelto a ver Remake, del mismo Gual. Me gusta mucho, incluso más que Smoking room. A ver si quedo pronto con el materialista y me cuenta por qué no le moló nada.

PD: La foto pertenece a Barbarella, que hizo un reportaje del concierto.

Tejemanejes

- Te diste manija, papi. No sé, con lo del cumpleaños, te diste manija.

- Lo que yo te estoy pidiendo que me ayudes, ¡Rafa! Es una cosa que yo no puedo hacerla solo.

El hijo de la novia, Juan José Campanella.

Horror vacui

Sed fieles joder, embarcaos en compromisos y cumplidlos.

He olvidado el cuaderno en casa de mis padres, y tan accidental evento me ha boicoteado el comienzo del blog. El desorden organizado tiene lagunas y, aunque no pretendo excusarme, guardo en él los dos primeros escritos que quería haber incorporado aquí. No son gran cosa, pero ya me había hecho a la idea; para mí tenía la importancia similar a ganar el primer partido cuando cambias de entrenador, y esto no va a pasar del empate.

En otro orden de cosas, el miércoles viajo a Madrid para ver a Oasis. Tendré el placer de compartir evento con el materialista y otros amigos. En 2003 padecí diez horas de tren (coche-cama, que es peor) para verlos en Barcelona, y ya en la puerta del Vall d'Hebron, lo cancelaron. El batería se había jodido una muñeca en los ensayos.

But don't look back in anger, I heard you say...

De pequeño yo quería ser Noel Gallagher: tocar en un grupo de rock, cantar sólo el mejor tema de cada LP, llevar un despeine estiloso y colgarme una Epiphone con la bandera británica. Lo de componer ya me parecía más jodido, pero lo del grupo lo llegué a cumplir. Lo de la guitarra no: mi padre lo impidió. Sabía de mis contradicciones adolescentes -en el sentido pleno de la palabra: adolecía de criterio- y supo cómo frenarlas. También tenía mi carpeta del colegio atiborrada de coches y voy a llegar los 25 sin carné de conducir.

Menudo historial.

PD: las palabras introductorias no son mías, más quisiera: son de Bea. No es porque sea mi amiga, pero se la debería estudiar en Secundaria, junto a Saramago, Billy Wilder y los peligros de la procrastinación.

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  • Escucho: Camille - La demeure d'un ciel
  • Leo: La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza
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Bienvenida

Acostumbro a abrir con una cita, pero romperé la tradición: a un blog fracasado por año, me he cansado de repetirme. Voy a comenzar con la letra de un tema del brillante Antonio de Pinto, Teatro de marionetas que, como las buenas puestas en escena, define con mucho la intención de este blog.

Bienvenidos, comienza el espectáculo;
daré el resumen de aquellos años mágicos
en que enterré huesos para el porvenir,
melodías, maneras de sobrevivir.

Verán piruetas, giros acrobáticos,
a un bufón triste con pose de ángel sátiro.
Subastaré mis huesos, todo lo que fui;
una herida que sangra para revivir.

Telas de araña desde el palco hasta la platea
que al foso donde estás,
ya no se asoma ni el calor de una candileja.
Un fantasma aplaudirá.
Sus días ya se van...

Arráncame el corazón,
la vida es un teatro de marionetas muertas;
queda una sola función
sin tiempo de ensayar.
Sus días ya se van...

PD: Podéis disfrutarla aquí.